Social 21, La Tendencia

Espacio destinado por el medio a difundir el hacer de SOCIAL 21, LA TENDENCIA.
Fuerza política a la cual adhiere, integra, participa y multiplica.-
El Editor (25/06/2019)


Una divertida chanchada de bosta y barro

Social 21, La Tendencia
Las elecciones son el breve instante de libertad política, que ejerce el Pueblo Argentino cada 2 años, dentro de la condición de borde que fija el sistema partidocrático demoliberal. Y el poder constituyente del Pueblo se acaba ahí. No sigue. Acaba.
Un breve poder eyaculador: cortito, sin franela, sin previa… y sin nos vemos mañana… sin bombacha colgando en la canilla de la ducha marcando bandera, ni cepillo de dientes clavando la posición en el territorio… Falta amor… Porque el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. Algo así como coger con la sábana de por medio: tiene un agujero, entra, peeero… Un materialismo dialéctico que niega la carne, y tarde o temprano, también el espíritu.
Una radical mierda que poco tiene que ver con la Revolución del Parque de Leandro N. Alem en 1890, ni con el Pueblo en Armas de Hipólito Yrigoyen “persuadiendo” a Sáenz Peña de la conveniencia del voto secreto, universal y obligatorio, con 5000 radicales enfierrados y dispuestos. Ni ahí, ni a palos, nada que ver, con la acción directa de la Juventud Peronista del ‘70. Es la mecánica de disputa por el poder del Estado Argentino: sus empresas, la justicia, la época. Es eso. Nada más. Ni nada menos.
El cierre de lista electoral es la pileta de mierda en la que se sumerge el país cada dos años. Y es eso, y no mucho más. Conviene tirarse con la boca cerrada y no respirar, tratando de no tragar soretes. Pero el olor al salir, es penetrante, nadie puede hacerse el boludo. No hay perfume, pilcha o prestancia que lo disimulen. Ricos y pobres en un mismo lodo, todos manoseados.
Por eso, y por otras cosas en juego, como la sagrada defensa de la Patria y su Pueblo Trabajador, se debe evaluar si conviene zambullirse, pensando en que hay del otro lado. Una divertida chanchada de bosta y barro donde el que se enoja pierde (y los que no, si son pobres, seguro que también…)
Sutil, cínico, con buen gusto y elegancia, Juan Perón decía (con la sonrisa de Gardel guiñando un ojo) que el Partido Justicialista es el vestido de novia que se usa para una ocasión muy importante, y luego se lo guarda por dos años. Nada más. Ni nada menos.
Lo importante es el movimiento, lo que hacemos todos los días, nuestro obrar, para donde movemos los pies. Es necesario explicitar hacia donde queremos hacer marchar a la Argentina. Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamiento.
¿Cuál es el Plan de Pleno Empleo que vamos a poner en marcha para darle trabajo al argentino, o se puede ser tan pelotudo a esta altura del camino, de pensar que lo va a resolver el mercado?
La realidad retratada por las Curvas-de-Treber-S21 señala la caída constante del trabajo en blanco durante 40 años… ¡Quienes quieran oír que oigan!… En 1980, pasados cuatro años de la cipaya y sangrienta dictadura militar, pasados tres años de la Carta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh que denunciaba “la miseria planificada”… la estadística indicaba 78% de trabajo en blanco, 20% de trabajo en negro, un 2% de desocupados puros y 0% de planes sociales: 12.5 millones de trabajadores en blanco en un país de 28 millones de argentinos.
En la humillante realidad en la que estamos sumergidos en 2016, apenas 11.2 millones de trabajadores en blanco sostienen un país de 42 millones de argentinos. La población crece, pero el trabajo en blanco se achica. Ya no podemos mirar a nuestros hijos a los ojos y prometerles un trabajo en blanco en el futuro. Nada más, ni nada menos.
Una realidad cruda, injusta, violenta, que la partidocracia demoliberal quiere almibarar con la resignación fatalista del fin del trabajo. Fatalismo militado activamente por quienes no tocaron un fierro en su puta vida. Una estupidez política, desmentida a diario por la multiplicación de mendigos de propinas, con mochila prestada y bicicleta propia, convocados por teléfonos celulares a la trascendencia de la milanesa con papafritas; mercados libres que emulan una hinduista Argentina de castas, gobernada por los sátrapas de la corona británica. Computación y sirvientes. Algo así como la India pero del Cono Sur, balbucea la Vicepresidenta Descerebrada de la Nación.
Ideítas caprichosas de niñes ricos que tienen tristeza, emprendedores capitalistas del fin de la historia, haraganes cerebrales del fin las ideologías, chetos espumantes de la posmodernidad, hologramas de las pantallitas, boludos de la sexta internacional sin pasado, ni futuro… esclavos del presente. Muerte y bajón. Eternos adolescentes que sueñan con el divorcio y el hedonismo, brutos entusiastas (con y sin guita) que juegan al experimento social.
¿Cómo vamos a hacer para crear 4 millones de puestos de trabajo en cuatro años de gobierno, como hacer frente a una demanda de 4000 puestos de trabajo por día, en los 250 días hábiles que tiene el año? ¿Qué industrias son necesarias crear? ¿Qué país hay que sembrar, amasar, soldar, clavar, montar, revocar, pintar, aparar, tejer, administrar, crear? ¿Para qué educar? ¿Cómo curar? ¿Por qué soñar?
¿Por qué es necesario organizar a nuestra comunidad con centro en el trabajo?
¿Qué valores conlleva el trabajo?
¿Qué mística está asociada al laburo?
¿Qué gloria es posible para el pobre?
¿Se puede morir, hoy, en este mundo, con honor?
¿Es posible crecer, hoy, en este mundo, con amor?
¿Vale la pena nuestra vida?
¿Qué deseamos para el porvenir?
Mi argumento de hoy es la Patria: lo que hay en ella de presente, de pasado y de venidero. Y sepan que lo venidero nunca se anima a ser presente del todo sin antes ensayarse y que ese ensayo es la esperanza.
¡Bendita seas, esperanza, memoria del futuro, olorcito de lo porvenir, palote de Dios!