Las Cosas

El Pensamiento Nacional

“La campana que lo llamaba a clase era un cotidiano corte entre dos mundos, y su formación intelectual tuvo que andar así por dos calles distintas a la vez, como la rayuela, con las piernas abiertas entre los cuadros. La escuela no continuaba la vida sino que abría en ella un paréntesis diario. La empíria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno, todo eso era despreciable.”
Arturo Jauretche. “Los profetas del odio y la yapa”. 1957.

Entendemos que hay tres elementos que debemos tener como punto de partida a la hora de contribuir a la frondosa historia de lo que llamamos Pensamiento Nacional. La primera, es plantear como problema principal la dependencia de nuestros pueblos respecto de los países imperialistas y sus empresas trasnacionales. El segundo elemento es que los temas e inquietudes que debemos poner en el tapete son las que nacen y emanan de las organizaciones libres del pueblo, y no de los buró que nuclean al pensamiento empresario y/o a políticos profesionales. El tercer elemento, es no perder de vista el contexto social e histórico desde el cual se habla, y cuál es el punto de vista ideológico desde el cual se argumentan las posturas.
Luego será conveniente iniciar el debate sobre el rumbo que debe tomar la nación para su desarrollo; qué interpretación tenemos de nuestra región, y cómo nos moveremos en el contexto internacional que nos toca atravesar.
Sacándonos de encima las definiciones tradicionales impulsadas por Europa y Estados Unidos a través de las academias, hablar de nación es hablar de una unidad cultural y territorial. Ya en el siglo XXI, pretender aferrarse a las definiciones de nación que postulaban la homogeneidad de etnia y religión significa para América Latina, atrasar al menos ochenta años en el debate. O peor, significaría -de entrada nomás- no desconocer ni discutir la dependencia. Según Jaguaribe : “El elemento cultural, comprendido en determinada época [como] la cosmovisión básica de un pueblo, su lengua y demás medios de significación y comunicación, como el arte y el estilo, sus instituciones y su tecnología, es el principal factor de aglutinación nacional.”
A todo esto, para que no quede en mera discursería, se necesita de un proyecto político rector con facetas económicas, jurídicas y sociales. Un proyecto de desarrollo integral, autónomo y sustentable; construido desde las mencionadas características culturales y territoriales y que corte con las cadenas de la dependencia semicolonial que padecen nuestro país y nuestro continente.

Las bases de la dependencia

Para arrancar, nos servirá está definición publicada en los Cuadernos de Trabajo del C.E.H.A.: “la Dependencia, que es una condición económica, social, política y cultural estructural de nuestros países que impide la consumación de la nacionalidad y obstaculiza cualquier tipo de desarrollo independiente y sustentable en nuestros Estados”.
La Dependencia en nuestros países semicoloniales se materializa por su condición de ser: la existencia de grupos sociales y clases que se identifican, proyectan y actúan consciente o inconscientemente, como representantes o “subsidiarios” de las naciones centrales o imperialistas. La existencia de estos sectores políticos garantiza al esquema mundial del imperialismo, las relaciones desiguales y “asimétricas” entre nuestras naciones y las potencias.
En términos políticos, las principales decisiones para el rumbo y la suerte de la nación, no se piensan, diseñan, discuten e implementan desde nuestro seno. Provienen de las “usinas de pensamiento” de las empresas monopólicas trasnacionales, los organismos internacionales de crédito, y las cancillerías de las potencias imperiales. En los países dependientes solamente se aplican de la “mejor manera posible” las instrucciones provenientes del exterior.
Los mecanismos no son demasiado complejos. Las potencias dividen el mundo entre amigos o enemigos del imperio; zonas solventes o insolventes para el destino del excedente económico; zonas de explotación de recursos naturales o de ensamble de productos manufacturados. El imperio determina y condiciona las políticas de comercio exterior de las naciones. Se sabe, las características del comercio exterior de cualquier país, determinan el desarrollo económico interno de los mismos.
Un país que exporta materias primas -o commodities- e importa bienes y alimentos terminados, difícilmente pueda obtener recursos para desarrollar industrias que permitan sustituir las importaciones mencionadas. Un país que exporte productos terminados o materias primas industrializadas; tiene mayores oportunidades de adquirir bienes en el exterior -matrices, tecnología, máquinas, conocimiento- que permita la potenciación del desarrollo interno, independiente, autónomo y sustentable.
Sin embargo, las condiciones de dependencia económica generan un constante flujo de transferencia de riqueza desde nuestras naciones hacia las potencias monopólicas. La imposibilidad de los países del denominado Tercer Mundo para decidir autónomamente su política económica, las cercena del derecho de decidir su rumbo soberano de desarrollo; generando así una inestabilidad cíclica que también se diseña desde afuera.
Un resultado conocido por nosotros de este proceso es la extranjerización de los sectores estratégicos de nuestra economía y, por ende, socavación el tejido social, dado que la perdida de fuentes de trabajo o el empeoramiento de las condiciones laborales, contribuye al desmembramiento.
Así, Argentina, ha visto en los últimos cuarenta años la extranjerización de la banca, las jubilaciones, e indirectamente los recursos fiscales para el pago de deuda externa. Se han entregado al capital trasnacional la explotación de nuestros recursos naturales estratégicos, sea por vía de la explotación, la tenencia o el comercio del patrimonio natural de nuestra nación.
Los servicios públicos, que constituyen una enorme porción del patrimonio público nacional, también fue entregada manos extranjeras, y de allí la imposibilidad argentina de disponer y diseñar políticas en materia de transporte marítimo, aéreo, férreo; junto con los servicios básicos para la dinamización de la producción y la vida en comunidad como ser la energía eléctrica, gas, agua potable, hidrocarburos, y servicios de comunicación e información en general.
La dependencia puede observarse diariamente en la fragilidad e inestabilidad constante de las poblaciones del Tercer Mundo. Generalmente coexiste con un contexto de abundancias de bienes económicos y carencias básicas en la mayoría de la población. La diferencia en el acceso a los recursos sociales va de la mano con la fragmentación geográfica y cultural. También de las necesidades básicas insatisfechas como el agua corriente, energía eléctrica, cloacas, forestación, asfalto, transporte urbano, gas natural y telefonía y comunicaciones.

La arquitectura del daño

La más grave de los efectos de la dependencia consiste en la destrucción de los resortes que permitirían el desarrollo autónomo. La evidencia del desastre se evidencia en la destrucción del trabajo productivo; y el reflejo patente del proceso es la juventud: con ellos se toma magnitud de los alcances de la destrucción al elevarse los índices de mortalidad, desnutrición, desempleo. Cosas que por el daño que causan, repercuten en las dos generaciones siguientes.
La magnitud de ese daño, comienza por el recorte en la experiencia de la población al uso del espacio público, permaneciendo durante años en su misma zona de residencia. La velada segregación o ghettización que se produce, se vislumbra en bajo acceso a las actividades culturales y deportivas, a la educación formal y a la salud pública. Se van creando ámbitos de estratificación similares a los de las sociedades de castas: escuelas para pobres, hospitales para pobres, lugares de esparcimiento para pobres. Es decir, se conforma un “aparato” para consolidar la colonización y la dependencia de nuestros pueblos hacia las potencias imperialistas.
La base y fundamento de ese aparato es la educación de los pueblos. Siguiendo a Jauretche, vemos como la escuela primaria separa al niño del medio social donde vive; lo aleja del “aquí y ahora” histórico. Al punto que las mayores dificultades de las criaturas en su tránsito por la educación básica formal, pasan por el proceso de adaptación y la incomprensión de los temas trabajados en el aula: los contenidos que “bajan” los planes educativos básicos, colapsan en el olvido cuando se alejan del juego.
La educación secundaria continúa con el proceso. En lugar de preparar al estudiante adolescente para comprender la dinámica, las responsabilidades y tareas laborales del mundo adulto, inculca los valores propios de una cultura dependiente, abúlica. Según la institución, las herramientas ofrecidas de cara a la incorporación al mundo del trabajo son obsoletas, insuficientes y vacías de contenido. El joven es adiestrado en la tarea de perseguir objetos de consumo; no de generarlos, idearlos o comprenderlos.
En cuanto a la educación superior – terciaria y universitaria -, la planificación de las currículas y programas de estudio e investigación, va de la mano con la dependencia de las metrópolis y las corporaciones. El rumbo de la ciencia y la técnica está firmemente atado al lugar ocupado por América Latina a la denominada división internacional del trabajo: el tercer mundo no desarrolla tareas de amplia inversión e investigación tecnológica; la importación de los medios técnicos coincide con los postulados de las corporaciones en cuanto a los patrones de producción a seguir, y pautas de consumo.
La inversión pública en materia de ciencia y tecnología es insignificante en relación con los Productos Brutos Internos (PBI); la incapacidad de los países de desarrollar su propio rumbo industrial, científicos y tecnológicos gracias a la dependencia, es el reflejo directo del desmembramiento de las industrias nacionales.
Las denominadas “industrias culturales” hacen lo suyo también. La producción artística y literaria en todas sus variantes se encuentra profundamente concentrada por las corporaciones que económicamente dominan el sector.
La preponderancia de esas compañías no se detiene en lo económico o en la regulación de los mercados. Fundamentalmente regulan los contenidos, los significados y los patrones de uso, consumo, distribución y difusión. La producción literaria y artística es encarada como un bien de intercambio más. Paralelamente, se desprecia de los círculos artísticos y literarios las producciones y expresiones populares. Desprecio que abarca desde la estética hasta el contenido. Lo peor es que esa dinámica genera sentidos, significados y valores culturales; o sea, costumbres.crecimiento-economico-y-desarrollo-catedra-a-jauretche
Los medios de comunicación no escapan a esta lógica. Además de padecer un nivel de concentración en términos corporativos, los otros problemas se identifican en las “agendas” -los temas a los cuales se les da difusión- que estos medios recrean día tras día, y las maneras de transmitir y presentar dichos contenidos. Los medios de comunicación se han convertido en una rotativa que jamás de detiene.

Ejes del Pensamiento Nacional

Definimos al Pensamiento Nacional como aquellas elaboraciones que surgen de las organizaciones y agrupaciones libres del pueblo, las expresiones artísticas y culturales de nuestra nación, los usos y costumbres y las formas de resolver problemas comunes a las que apela nuestra sociedad.
Así presentadas las cosas, pareciera que todo aspecto de la vida social entra en la definición de Pensamiento Nacional. Sin embargo, esta corriente de pensamiento se caracteriza y da vida al devenir de un pueblo que lucha por su liberación. Tiene una historia y un horizonte común: la emancipación, la autodeterminación, el desarrollo nacional, y la soberanía política y económica.
La continuidad histórica que engloba el Pensamiento Nacional, y la sistematización que se intentará en estas páginas posee cuatro anclajes o ejes de observación, debate, reivindicación, estudio, proyección y planificación. Cada uno de estos puntales, siempre es abordado desde una perspectiva histórica, con una mirada crítica del presente y una prospección a futuro.
Los ejes de construcción son: la emancipación nacional; la autodeterminación como pueblo incorporando las identidades y la diversidad cultural que habitan en nuestro pueblo; la soberanía popular que engloba las discusiones sobre la organización política y económica que debe darse la comunidad nacional; el profundo debate alrededor de la confección de un modelo nacional de desarrollo donde se discutan todos los aspectos de la vida de un pueblo sin perder de vista la equidad y la justicia social. La tarea de recopilación, estudio, debate y producción que impulsan esta hoja será ardua.

Bibliografía

Centro de Estudios Hernández Arregui. Cuaderno de Trabajo N° 1, Buenos Aires
Jaguaribe, Helio (1961), Burguesía y proletariado en el nacionalismo brasileño, Coyoacán, Buenos Aires.
Jauretche, Arturo (2015) Los profetas del odio y la yapa”. Corregidor. Buenos Aires.

Las Cosas. Hoja informativa – Año I Nº 0 // 20 de noviembre de 2016. Publicación de El Chasqui Federal Noticias. Editor Responsable: Pablo Casals chasquifederalnoticias@gmail.com / Versión PDF hoja-las-cosas-n-0-el-pensamiento-nacional-20-11-2016


La Hoja Informativa Las Cosas es un espacio destinado a difundir, rescatar, debatir, contar, denunciar “las cosas” que van quedando fuera de nuestra agenda informativa diaria o semanal. Construir una agenda informativa que contribuya el proceso de liberación nacional y latinoamericano no es sencillo. Pero más difícil es no perderse en la masividad de las cadenas comunicacionales de los medios dependientes de las multinacionales. Ellos son parte de la estrategia imperial de dominio total de nuestras comunidades. Las Cosas puede leerse individualmente, en forma secuencial o aleatoriamente. Tenga a bien el lector, difundirla si le parece. Las Cosas saldrá en forma quincenal, pero no estamos atados a dicha frecuencia.

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