Malas y malas para los lácteos

La industria láctea continúa sumida en una profunda crisis, si bien sus principales actores tienen una mirada positiva sobre el futuro. Incluso dentro de una misma organización empresaria, existen criterios diferentes a la hora de evaluar el panorama actual y proyectos el futuro inmediato del sector.
Redacción
Desde la Secretaría de Agroindustria, los últimos números no son positivos. Allí se afirma que la capacidad instalada del sector está funcionando a un 39%. La elaboración de leche en polvo entera – principal producto de exportación -, tuvo una caída del 64%; y otros productos con proceso industrial incorporado – consumidos preferentemente por el mercado interno -, tuvieron bajas de hasta el 7%. Lo más significativo, es que los números generales del consumo en el país, han bajado significativamente en el primer cuatrimestre de 2019: la leche fluida redujo sus ventas en un 14%, y los subproductos untables alrededor del 13%.
Consultoras ligadas a la porción más concentrada de la industria láctea (Saputo, Adecoagro, la Serenísima/Arcor), avizoran que la actividad irá en alza hacia la primavera. No es un pronóstico revolucionario e innovador; el crecimiento obedecerá al factor estacional y no tanto a la suerte de la dinámica productiva. Por otra parte, los informes hacen algunas observaciones a tener en cuenta: el volumen de exportación no ha aumentado en el último año.
Sin embargo los precios internos aumentaron un 130%; y se esperan más subas hacia el mes de agosto. Mientras que los valores en el mercado internacional alcanzaron un tope del 75% de aumento en el mismo periodo, aunque comenzaron a bajar (se estima en un porcentual general del 14%).
Es por ello que entre el sector empresarial intermedio – las PyMEs lácteas – existe cierta discordancia entre sus evaluaciones futuras. Desde la presidencia de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel), el análisis se está centrando en que lo recomendable será que los precios internos bajen. Primero porque es la tendencia del mercado internacional: el principal actor y “fijador” de precios a nivel mundial es Nueva Zelanda a partir de la cotización de la tonelada de leche en polvo. Segundo, el consumo interno de lácteos descendió en forma exponencial, y la tendencia continúa (“la gente no tiene plata”, afirman). Tercero, los tambos están funcionando al 39%, no hay suficiente materia prima disponible, y los precios suben: las buenas expectativas hacia la primavera, dependerán asimismo de la variación de otros insumos que utiliza la industria que están dolarizados – estabilizantes por ejemplo -; a los que se suma el factor logístico y su principal “costo”, el combustible.
Por último, un elemento que generó sonrisas y no tanto en el sector: el acuerdo Unión Europea – Mercosur. Si bien aún no se conocen las letras chicas de todos los contratos y aristas del gran acuerdo entre los bloques de países, para algunos actores del mundo lácteo – los grandes que tratan de convertir a la leche en un commodity – ven en ello una forma de reactivar no sólo la exportación, sino también la industria local a partir de la “competencia”.
Los más pesimistas, están prestando atención a algunos datos que van trascendiendo del gran acuerdo: según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), habrá 357 productos agroalimentarios de origen europeo que el MERCOSUR reconocerá cómo “indicadores geográficos”. Es decir, son productos en teoría “exclusivos” de una región del viejo continente, con baja escala de producción, pero de “calidad reconocida y diferenciada por los mercados”.
De esta forma dichos artículos, tendrían una vez puesto en marcha el acuerdo entre bloques una serie de ventajas arancelarias adicionales; como así también protección hacia sus propios mercados internos de productos similares que provengan de Sudamérica.
Por lo tanto, una de las principales esperanzas de las PyMES lácteas se ve sinceramente amenazada: su “fuerte” habían comenzado a ser los productos con “indicador geográfico”; tanto en el mercado interno como en el exterior. Si se concretan los trascendidos mencionados, el sector lácteo argentino está condenado -al igual que la mayoría de las actividades agroindustriales – a quedar en manos de los “peces gordos”.
“La gente no tiene plata”, dijo el empresario lácteo. Pasa que la gente come menos; porque esta en régimen obligado de pobreza.

Fuente: Sec. de Agroindustria de la Nación / OCLA / APyMEL

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