Hiperdesfalco

El denominado “Comercio Interior” es un problema para el pueblo argentino desde hace cuatro décadas sin interrupción. Jamás se lo mira desde esa óptica. De ida o de vuelta, siempre los causales parecen ser los costos laborales, la emisión o “La Inflación” – sí; enunciada como un misterio -. Veamos por qué no es tan así.
Redacción
“Camine señora, camine”. El espectro y la sombra de Lita de Lazzari vuelve a abrazarnos. Los analistas del consumo interno, afirman que las prácticas de comprar los bienes habituales – o los que se pueden – de la canasta básica en distintos lugares, además de incentivar la competencia, incrementa las oportunidades de diversificación de ventas para los comerciantes.
Incomprobable. Lo que puede verificarse con sólo dar la vuelta a la manzana y conversar con los vecinos más próximos, es que el “camine” se ha vuelto a transformar en la forma más efectiva de que rinda el dinero con que se cuenta en el bolsillo. Lejos están los comentarios de las intensiones de ahorrar, o aprovechar ofertas extraordinarias, o movilizarse a muchas cuadras de la casa para adquirir algún artículo inconsegible en otra parte. El “camine” es la forma individual por excelencia del argentino en contextos como el actual.
Técnicamente el Comercio Interior toma en cuenta todas las compras y las ventas que se efectúan en un año en todos los sectores de la economía. Por lo tanto, los datos de las ventas a consumidores finales (llamémoles “familias”) de paquetes de fideos caen en la bola estadística oficial, junto a bienes industriales que se utilizan en el proceso de producción (ejemplo: autopartes en el ensamble de un vehículo).
Por lo tanto, no es difícil darse cuenta que los guarismos que periódicamente se publican respecto del consumo interno sean mentirosos, habida cuenta que se toman como referencia los precios finales de cada transacción. Esto es así por dos cosas: primera; las familias no comen autopartes ni productos químicos aplicados a los procesos industriales. De allí la permanente incoherencia entre el Índice de Precios al Consumidos (IPC) desde el cual se estima la inflación, y el Valor Agregado Bruto (VAP) una de las variables que se utilizan para medir el “crecimiento” o “decrecimiento” de la economía nacional.
Alcanzan como referencia por un lado, lo dicho por el Presidente Macri en la inauguración del Periodo Ordinario de Sesiones en el Congreso en marzo pasado, cuando nos “contaba a los argentinos” sobre los números de “crecimiento” de la economía; y por otro, lo vaticinado por Nicolás Dujovne sobre sus buenas vibras respecto de la marcha de la economía hacia fines de 2019 gracias ala cosecha que se avecina. Mientras ellos hablaban, los precios en los supermercados se remarcaban; y allí reside la clave del problema.
Los informes oficiales pormenorizados respecto de estos temas brillan por su ausencia. Por tanto se recurre como “guía” a los informes privados como los de Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), los de las Cámaras de Comercio, o los de universidades y entidades gremiales que también intentan calcular estos números.
Para no aburrir con cifras; resumiremos: los más optimistas (e involucrados directos en los aumentos) hablan de una retracción del consumo minorista en el último año del 13 %. Los más pesimistas, afirman que durante el último mes, hubo subas promedio de hasta un 19% y se estima que en junio alcanzarán el 16%.
Desde Chasqui Federal volveremos a confirmar lo dicho hace un año atrás, cuando comenzó la denominada “corrida cambiaria”. Basándonos en los informes oficiales, pero sacándole la retórica estadística y metiéndonos adentro de los números, comprobamos lo siguiente:
desde julio a diciembre inclusive de 2018, las subas promedio de los productos de la canasta básica fue del 8%, pero el acumulado semestral arroja un 48%.
desde enero a abril de 2019, los aumentos alcanzaron un promedio del 12,1%. El acumulado cuatrimestral da cuenta del 48,4%.
48%, más 48,4%; es igual a 96%.
Las cifras son elocuentes. Si a ellas les sumamos para mayo, junio y julio de 2019, lo anunciado por las entidades y consultoras, lo números superan largamente el 100% acumulado. En criollo, Argentina atraviesa desde hace un año un proceso hiperinflacionario.
¿Quiénes son los o las responsables de lo descrito? Las cadenas de hipermercados. Nombrémolas: Wall-Mat; Carrefour; Coto; Vea; La Anónima; etc.. ¿Y por qué son ellas? Simple: concentran las tres claves del poder de compra que pone las reglas en el mercado interno, dado que son las principales expendedoras hacia los consumidores finales; es decir, la familias.
Primero; porque fijan los precios internos de las cadenas de valor de producción de alimentos. Segundo; al ser importadores o sedes de las grandes cadenas internacionales, no tiene obstáculos operativos para barrer las marcas nacionales con sellos importados, rompiendo para dominar las reglas de las cadenas de comercialización. Tercero, desde los ámbitos gubernamentales no pone trabas a dicho poder de maniobra, en tanto y en cuanto no genere un desbalance fiscal en las cuentas del sector; y en la actualidad además, la Secretaría de Comercio está conducida por la Cámara de hipermercadistas e importadores.
Mejor moño para el paquete, imposible.
¿Cuál sería la alternativa? Es más sencillo de explicar todavía; aunque imposible de imaginar su implementación por parte del gobierno actual, o por los espacios políticos que tendrían posibilidad de sucederlo: la creación de mercados estatales concentradores de bienes y servicios, a dónde llegue toda la producción nacional. Desde allí, la mercadería podrá ser distribuida a almacenes generales estatales para consumidores mayoristas y minoristas; como también a los comercios barriales.
Estructurando el mecanismo con el criterio de precio justo, conforme al proceso de producción de cada bien y al nivel general del salario de las familias compradoras, el descalabro actual podría regularizarse a mediano plazo.
No somos ingenuos en ésta Redacción: el desfalco hacia el pueblo argentino está organizado desde las puertas de los supermercados. La capacidad de endeudamiento con tarjetas de crédito sólo destinada a comida, se redujo un 33% según datos oficiales.
Mientras tanto, los directorios de las grandes cadenas, negocian con el Gobierno los saldos fiscales puestos a tasa. Es lógico, allí ganan ellos y el ingreso fiscal no se reciente.
La emisión hace el resto, mientras el pueblo argentino se deteriora.

Fuentes: Secretaría de Comercio / INDEC / CAME / ITE / Instituto Di Tella

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