Mercado Emergente/País sumergido

El anuncio de la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández de cara a las PASO no sólo buscó un golpe de efecto. También es un mensaje a los mercados y a los sectores de poder en general. El mango del sartén, claro está, no depende de manos argentinas.
Del Editor
Las mayorías de las fuerzas políticas coinciden en algo: el próximo gobierno – incluso de Cambiemos – será de “transición”. Lo que ninguna de ellas tiene claro, es hacia dónde nos llevará ese “mientras tanto”.
Lo cierto también, es que el próximo Presidente – incluido Macri en caso de ser reelecto si se postulase -, deberá implementar una agenda de diálogo y una gestión extremadamente negociada y consensuada con las demás fuerzas políticas, el agro, la industria, los medios, los acreedores internacionales, la banca y el mundo de las finanzas. Lo que quede al margen de ello, será lo que se traduzca en políticas sociales basadas en la dinamización del mercado interno.
Repasemos algunas condiciones del presente. El quebranto económico es generalizado salvo para las finanzas y los grandes exportadores de commodities (soja, trigo, maíz y girasol). La deuda es equivalente a un PBI, y sus intereses representan 1.500 millones de pesos diarios. Oficialmente, la inflación es del 56% para los últimos doce meses (mayo/18 – abril/19). Se estima que durante éste año acumulará un total de 46 % porque “el contexto macro no será tan volátil”. El cálculo real, o sea el que realizan los principales operadores económicos, determina que para los inicios de la nueva gestión excederá ampliamente esos guarismos.
La producción y el consumo no detienen su disminución. Crece el desempleo. Retrocede el volumen general del comercio. A medida que sube la tasa de interés, el acceso al crédito disminuye. El peso se devalúa diariamente; y la inversión privada – nacional o extranjera – no son más que una expresión de deseo.
Respecto de las tasas, no hay miras de que bajen. El Banco Central asegura contar con un total de reservas de 67 mil millones de dólares. Sólo 20 mil de ellos son genuinos, el resto es deuda. De disminuir la tasa pasarán dos cosas: los especuladores se pasarán al dólar definitivamente, ya que los pesos no “pagarán” tanto; y los ahorristas también se volcarán a la moneda norteamericana. Entonces: subirá el dólar, subirá la inflación y disminuirán las reservas. Máxime cuando los dueños de la “histórica cosecha que nos salvará a todos”, no tienen la obligación por diez años de liquidar las divisas obtenidas. Por lo tanto, no ingresarán recursos de las exportaciones ni a las cajas estatales ni al mercado bancario argento.
En ese contexto, si el Banco Central quisiese intervenir para estabilizar el dólar, se tendría que desprender de la mayoría de las reservas en verdes. Cosa que reviviría el fantasma del default y su posterior fuga de capitales y retención de activos por parte de los bancos (“corralito”).
Trascartón, Argentina fue declarado “mercado emergente”. Clasificación que se basa en la cantidad de acciones de empresas argentinas que cotizan en Wall Street y la posibilidad que tienen los capitales extranjeros de acceder a ellas. Es decir: posibilidades de giros al exterior de dividendos y facilidades del país para operar en dólares.
Estos dos factores no implican necesariamente un crecimiento para esas empresas nacionales, y mucho menos, una repercusión “positiva” para el resto de la población porque las firmas no tiene la obligación de volcar sus ganancias obtenidas en el país.
Por lo tanto, los únicos beneficiados en Argentina, serían los residentes en nuestro país que posean acciones de las siguientes empresas que cotizan en Wall Street: Telecom, YPF, Grupo Galicia, Banco Macro, Globant, Pampa Energía, TGS, BBVA Banco Francés, Arcos Dorados Holdings, Central Puerto, Corporación AM Airports, Loma Negra, Despegar.com, Edenor, Adecoagro, IRSA, Cresud y el Grupo Supervielle.
¿Qué se puede decir de Fernández – Fernández? No demasiado. Un intento de volver a 2003, con un plafón dados los antecedentes de voluntad de negociación, y moderación en determinadas medidas relacionadas con la banca y el sector externo. Es decir; será la reedición del híbrido liberalismo/keynesianismo en que se ha convertido el peronismo “bueno” de los últimos treinta años.
El peronismo “malo”, sería el que conducido por Carlos Menem, la Fundación Mediterránea y la Embajada de Estados Unidos, condujeron el país en la década del 90. Alberto Fernández proviene de allí, previo paso por el radicalismo asentado en la justicia y romances con la UCEDE. Cristina Fernández, por entonces, jugaba para los “buenos” que nunca dejaron de brindar gobernabilidad.
Veremos; no hay que hacer futurología. Pero sí es debido zarandear los antecedentes.

Fuentes: BCRA / INDEC

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