Estado Empresario y Formación Profesional Acelerada: hardware y software convenientes.

En lo que atañe a desarrollo industrial, los argentinos no tenemos límite. La Industria Militar Aeronáutica (misiles Cóndor) y Naval (destructor T42 Santísima Trinidad, corbetas MEKO 140) y en la dedicada a la Energía Atómica (centrales de Embalse Río Tercero, Atucha I y II, Centro Atómico Constituyentes, Planta de Agua Pesada de Arroyito, Fábrica de Elementos Combustibles de Ezeiza) Argentina cumplió las normas de calidad más exigentes del orbe, que son tres: las de la NASA, las de la NATO y las de la OIEA (Organización Internacional de la Energía Atómica).
Social 21, La Tendencia
Y se acabó. No hay más. Son esas tres. El resto del mundo está en un nivel inferior, menos exigente. El INVAP (Instituto de Investigaciones Aplicadas), la CONEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), el Área Material Córdoba, el Astillero Río Santiago, el Instituto Balseiro, el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), la UBA (Universidad de Buenos Aires), la UNLP (Universidad Nacional de La Plata), son centros de investigación, industrias, ámbitos académicos y científicos, instituciones del más alto prestigio internacional. Están reconocidos en el mundo entero. Y son tan argentinos como la yerba mate o el dulce de leche.
Sin embargo, pasan los años y Argentina no despega. A pesar de sus grandes éxitos puntuales, no logra que los mismos sean masivos ni permanentes. La época favorable pasa y Argentina retrocede. Solo perduran sus élites cipayas. Por unos pocos años de brillo, Pueblo, instituciones e industrias suman muchos otros de oscuridad.
¿Entonces… qué nos falta?
El déficit de los países como el nuestro es la cantidad y calidad de sus cuadros intermedios. Los líderes son siempre excepcionales. Sean de derecha, de izquierda o centro, todos, siempre, han tenido fuertes liderazgos individuales. Pero lo que determina el éxito o el fracaso de un movimiento es el sujeto colectivo. Y en él, los mandos medios y su relación con las bases a conducir, son tanto o más importantes que el líder principal.
Tomados de a uno, individualmente, los argentinos le ganamos al que sea. Somos campeones del mundo de cualquier cosa. Pero como equipo-país estamos desorganizados… Pudo más un traidor que mil valientes. Los golpes de estado, la violencia institucionalizada, siempre destruyó lo propio, los 30.000, para favorecer lo ajeno. Es un problema político, de poder, no de prestigio o de habilidad. Nos faltó fuerza, no inteligencia. El arte no está en concebir, el arte está en realizar.
Hoy, casi nadie encara en serio contra el capitalismo. La Patria Socialista se borró (a lo Casildo Herrera). Salvo nosotros, no hay otros que reivindiquen la Propiedad Social de los Medios de Producción, el Estado Empresario. Tienen miedo, vergüenza, de ser confundidos con stalinistas, peronistas, radicales, zurdos, fachos, leninistas, nacionalistas, cuyos relojes atrasan, se quedaron en el tiempo. Son forros, temen la crítica de la derecha y de la izquierda también. Ya nos han bautizado nipo-nazi-fasci-falanjo…
Tampoco hay muchos que practiquen la Democracia Participativa. Temen a una participación popular que no saben para dónde va a salir. Son conscientes de que darían un paso irreversible, riesgoso, porque la participación es un camino de ida. Perciben que, una vez alcanzada, les sería difícil anularla, hacerla retroceder.
Y salvo nosotros nadie plantea la Economía de Equivalencias como alternativa a la capitalista. No creen (ni quieren) que se pueda salir del sistema. Se resignaron. Su pólvora se mojó para siempre, jamás se secará. Nunca van a salirse del molde. Rezongarán un poco, repartirán alguna dádiva, pero no pasarán de ahí.
Las Empresas del Estado son el hardware, el aparato, la organización social de los pobres, la dignidad perdida de los desocupados, el arieteque necesitamos para triunfar de manera permanente. Pueblo organizado y pleno empleo son una combinación muy fuerte, aún para el capitalismo.
Las disposiciones legales, administrativas, reglamentaristas, nunca fueron ni serán suficientes. El capital, que secuestró, torturó y asesinó 30.000 veces se caga en la ley, los derechos humanos y lo que venga. Pero ante el Estado Empresario, ante las expropiaciones, ante la PropiedadSocial de los medios de producción, perdió siempre.
La polución de estupideces es demasiada, tiene un volumen gigantesco. Una de ellas pretende convencernos de que primero es la educación y luego el trabajo. Pues no. Primero es el trabajo y recién después viene la educación que nos permite realizarlo. Porque primero está la necesidad (el trabajo) y luego la solución o adaptación a la misma (la educación).
Durante la 2da guerra mundial, Alemania se hiper especializó en fabricar armamentos y fue delegando en territorrios invadidos tareas no-bélicas que antes ejercía por sí misma total o parcialmente. Perdida la guerra, tuvo que reconvertirse otra vez y en sentido contrario.
Este giro de 180 grados en la ocupación, exigió lo mismo en la educación. Y de manera más cruel aún que la propia guerra, pues nadie se apiadaba de ellos… al revés, todos querían castigarlos. De esa trabajosa posguerra alemana surgieron bienes materiales e intangibles.
De los bienes materiales, los más reconocibles en Argentina fueron los ratones alemanes, miniautos que nacieron de las cabinas sobrantes de los aviones y que podían ser construídos en serie por las mismas líneas de producción industrial.
Las marcas eran elocuentes: Messerchsmitt (ex cazas), Heinkel (ex bombarderos), BMW (ex motores). En el caso de BMW, bajo el nombre De Carlo 600 y 700, se construyeron en el país, con motores derivados de las moto-sidecars de la infantería alemana.
Pero mucho mayor fue la incidencia de los bienes intangibles asimilados de la reconversión industrial de posguerra. Y no solo en Argentina: también en la URSS y también en EEUU, donde las tropas desmovilizadas, responsables del baby boom que se dio en paralelo al milagro alemán, requerían una rápida reeducación para pasar de los tiros al trabajo, de la trinchera a la línea de producción. Esos bienes intangibles fueron los cursos FPA (Formación Profesional Acelerada), mediante los cuales cualquier desocupado, con solo saber leer, sumar, restar, multiplicar y dividir, se podía convertir, en solo 3 ½ meses de curso (100 días), en ayudante de un oficio, cualquiera que este sea.
En la versión argentina de aquellos cursos por inducción, ½ día (pago) se pasaba en el taller, con trabajos productivos de dificultad creciente, y otro½ día en la escuelita, aprendiendo interpretación de planos, lectura de instrucciones y métodos de trabajo, seguimiento de hojas de ruta. Cientos de miles de compañeros se capacitaron así. Analfabetos industriales que se volvían electricistas, montadores, albañiles, pintores, mecánicos, soldadores, caldereros, en apenas 3 ½ meses y cobrando un billetito que les permita aguantar. Esta educación FPA, obrera, industrial, es el software que nuestros 3 millones de desocupados precisan.
Ahora el Estado Empresario, nuestro hardware, nuestra fuente de trabajo. Y ahora nuestro software, la formación industrial rápida, popular, accesible, para ser útil al toque, desde el vamos.
Ya lo hicimos en el pasado y con un éxito rotundo. Hay que volver a las fuentes. Estos modernosos globalizados son muy pelotudos, no sirven ni para limpiarse el orto. Se hacen los entendidos, pero son brutos y forros, contrarios al Pueblo y a la Patria.
Todos no podemos laburar desde una compu. Alguien tiene que meter mano, tocar el fierro, la masa, la mezcla, ensuciarse las manos. Piden por eso 3 millones de compañeros. Y la cultura industrial, la FPA, es nuestro software conveniente.

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