De orejeadas, compadritos y gallinas distraídas

Columna editorial publicada por Agencia UNO Viedma, respecto de los diez puntos con que el gobierno argentino de Mauricio Macri, llamó a la oposición y a los gobernadores no aliados para la construcción del acuerdo de gobernabilidad.
del Editor.
Dijo el Gobernador Weretilneck el día viernes en Bariloche: “lo más delicado de una política económica es la falta de confianza y de previsión; y casualmente son los dos problemas que tiene hoy el gobierno nacional: falta de confianza de los actores internacionales y de los nacionales como empresarios, sindicatos y ciudadanos; y falta de previsión”.
La situación Argentina inquieta. Desespera. Causa incertidumbre. Pero no en los mercados; o en las cúpulas empresarias. Todo eso le pasa al trabajador; a la mujer y al hombre de a pie.
Habría dos soluciones “mágicas” en un contexto político que comienza a efervescer por el proceso electoral presidencial que se avecina y con la actividad económica general deprimida.
Una de las fórmulas, es la que sugiere Milei, el economista mediático que dice a viva voz lo que no pueden admitir los altos cuadros de gobierno: liquidar las Lelic – que ya alcanzan un tercio del PBI – antes de fin de año, para contener la madre de todas las corridas financieras. Ésto supuestamente conformaría a la banca especuladora internacional; cosa que le otorgaría al gobierno nacional un escenario de mayor estabilidad. A cambio, habría que solicitar otro préstamo internacional por 30.000 millones de dólares (sí, adivinó; quién va aponer la guita sino es el FMI); y como segunda medida, independizar al Banco Central de cualquier tipo de intervención Estatal directa. Es decir, y en criollo, que el Directorio de dicha entidad sea integrado por los principales bancos que operan en el país – nacionales y extranjeros. O sea, que se convierta en un anexo de la Reserva Federal Estadounidense.
No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de quiénes digitarán formalmente las políticas económicas argentinas.
La otra solución mágica, tibia y a medias tintas, son los famosos diez puntos que el gobierno nacional – con el ministro Frigerio poniendo la cara -, consensuó con los principales grupos empresarios que actúan en Argentina, y las principales figuras de la oposición “razonable”.
Esos puntos son:
1- Lograr y mantener el equilibrio fiscal (meta imposible de alcanzar en un contexto productivo en picada);
2- Sostener un Banco Central independiente, que combata la inflación hasta llevarla a valores similares al de países vecinos (técnicamente insostenible e incomprobable si las políticas que impulse en BCRA, no están coordinadas por los ministerios de economía y producción);
3- Mayor integración al mundo, promoviendo el crecimiento sostenido de nuestras exportaciones (esa es una meta que están a punto de alcanzar dado que cada vez más sectores de la economía son operados desde el exterior) ;
4- Respeto a la ley, los contratos y los derechos adquiridos con el fin de consolidar la seguridad jurídica, elemento clave para promover la inversión (la seguridad jurídica está siendo garantizada por los principales buffetes jurídicos que articulan lobbies y negocios con los bancos y principales empresas. Ellos ponen las reglas del juego);
5- Creación de empleo a través de una legislación laboral moderna (leasé, desregulación absoluta de todas las actividades laborales, caducidad de los convenios colectivos y negociación de salarios con los sindicatos aliados a las patronales);
6- Reducción de la carga impositiva, a nivel nacional, provincial y municipal y enfocado en los impuestos más distorsión (es cierto que se debe hacer una reforma impositiva estructural en Argentina; pero, vuelva a leer el paréntesis del punto 1);
7- Consolidación un sistema previsional sostenible y equitativo (más allá de querer pasar los fondos previsionales nuevamente al sistema privado de AFJP, estarían logrando las condiciones para que en no más de una década se reduzcan las jubilaciones en un 20%, atento a la precarización laboral reinante y los elevados niveles de informalidad laboral estructurales);
8- Consolidación de un sistema federal, basado en reglas claras, que permitan el desarrollo de las provincias y que impidan que el gobierno nacional ejerza una discrecionalidad destinada al disciplinamiento político (bueno, desde las guerras por la independencia estamos discutiendo como nación el mismo tema. Habría que ver qué se entiende por “desarrollo” o “discrecionalidad”);
9- Asegurar un sistema de estadísticas transparente, confiable y elaborado en forma profesional e independiente (leasé, curro en puerta); y
10- Cumplimiento de las obligaciones con nuestros acreedores (leasé: continuará la transferencia de recursos desde los trabajadores y ciudadanía en general hacia la banca extranjera).
Los grupos empresarios reunidos en torno a la Bolsa de Comercio, ADEBA, la Cámara de la Construcción, Cámara de Comercio, Sociedad Rural Argentina, y Unión Industrial Argentina dieron el visto bueno.
La oposición…
La oposición; bien gracias. Urtubey y Pichetto dijeron algo así cómo “y bueh!”. Massa y Lavagna se hicieron los enojados; una especie de “agarrame que lo mato”. Cristina Fernández vende libros; y la izquierda trotskista… es la izquierda trotskista.
En fin. El devenir de un año signado por lo electoral, no puede dejarnos mejores cosas, luego de cuarenta años de desidia estatal respecto de la planificación hacia el rumbo que el país merece: el de la independencia política, la autonomía económica y la justicia social.

Fuente: Agencia UNO Viedma

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