La sangría del comercio exterior

Días atrás el INDEC dio a conocer las cifras del comercio exterior argentino de diciembre pasado. En el gobierno se festejó tibiamente el repunte de las exportaciones, lo que redujo también el déficit en la balanza comercial. De todas maneras, Argentina sigue comprando al exterior mucho más de lo que le vende a sus clientes; presentando como cifra final la suma de 4.000 millones de dólares de diferencia negativa.
Redacción
El agravante radica en cuáles son los bienes que el país compra y vende. De allí podemos inferir las consecuencias reinantes y las futuras, dado el rumbo que la ciudadanía eligió en las elecciones presidenciales de 2015.
Metámonos en los números. Argentina exportó al mundo mercancías por 65.621 millones de dólares, divididas éstas en cuatro grandes rubros: productos primarios, combustibles y energía, manufacturas de origen agropecuario (MOA), y manufacturas de origen industrial (MOI). Las dos últimas son las que ocupan el mayor volumen en las ventas con participaciones de 37,2 33,3% del total exportado respectivamente.
Pero los cifras nos dicen mucho más. El descenso del 5,4 % en las ventas de productos primarios respecto del año anterior, nos habla de un aspecto netamente productivo: durante diciembre recién comienza la cosecha del trigo, por lo tanto la exportación del cereal dinamiza poco volumen de transacciones. También nos habla de políticas de cara a la producción de dicho bien. El gobierno desreguló prácticamente en forma total el sistema de liquidación de ventas al exterior por parte de los exportadores privados. Así, éstos se han sumado al juego especulatorio de los últimos meses de 2018, perjudicando a las arcas gubernamentales.
En cuanto a las MOA, las cantidades exportadas subieron levemente (1,5%). Las ventas de aceites y otros comestibles con escaso valor agregado industrial, y fundamentalmente los derivados de soja son las estrellas de éste grupo. Las MOI por su parte, siguen descansando fundamentalmente en la industria automotríz y en la producción de aluminios.
Sin duda, la estrella dela velada son las exportaciones de energía y combustibles. Estas componen el 7 % del total de las ventas, y las mismas se incrementaron respecto de 2017 en un 69,2%

En el global anual las importaciones descendieron algo más del 2%. Sin duda, número empujado por la recesión económica argentina y por el juego especulatorio interno. La industria nacional ni piensa en renovar tecnología porque el objetivo es mantener las puertas abiertas. El agro dejó de importar maquinarias. Los productores pequeños y medianos están ahogados con deudas, plazos bancarios y embargos. Los grandes, prefieren esperar y especular con una porción del capital que poseen. Los campos están abarrotados de silobolsas; y al menos hasta fines de noviembre pasado, timbear con el dólar era – a corto plazo – un negocio redondo.
Misma suerte han corrido rubros como las autopartes y accesorios; bienes de consumo (electrónica, juguetes, bicicletas, etc.); y vehículos de alta gama. Eso no significa que se hayan vuelto a fabricar en el país. Sino que se “achicó” el mercado interno producto de las políticas aplicadas; y lo que ingresa al país, empeora aún más la situación de dichos sectores: competir es imposible en estas condiciones.
Ahora bien, las importaciones que han crecido en un 15% respecto de 2017 son las de bienes intermedios, (químicos, tintas, insumos médicos y de laboratorios, gomas; telas y plásticos en general), y de combustibles y lubricantes.
Comparando estos datos con los anteriores volcados, nos vuelve a arrojar el mismo resultado: la desindustrialización paulatina y constante del país por la suba de costos, reducción de márgenes de ganancias, escasez por parte del gobierno de políticas destinadas a la planificación productiva y sustitución de importaciones.

Hay otras malas noticias para compartir en materia de comercio exterior. La primera, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, acaba de decretar el comienzo del paso a propiedad estatal del puerto de Dock Sud, mediante un Consorcio de Administración. Paso previo que dieron oportunamente las mayorías de las terminales portuarias, de cara a su privatización.
La Segunda, Argentina se encuentra negociando con calificadores internacionales del transporte, de cara a transformar el actual. A modo de título o comentario es positivo. Sin embargo, dada las condiciones que estas calificadoras intentan imponer radican en la transformación de los combustibles hacia un camino ecológico, natural… y pasto para las petroleras. Además, la propuesta gira en torno a que el transporte de abastezca en esos nuevos términos; lo que llevaría a deteriorar aún más el entramado logístico argentino fronteras adentro.

Fuentes: INDEC
Credito Foto: Sinatra Comercial

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