Miedos, dudas y esquives de las economías regionales

2018 fue un año caótico para la producción agrícola en las provincias. Importaciones, tarifazos, alza exponencial en el costo de los insumos principales, generaron tal impacto que los productores no auguran un buen 2019. Algunos datos y las pretensiones generales del sector.

Redacción
Existe unanimidad en el sector agrario no concentrado de las economías regionales argentina: el 2018 fue devastador para algunas regiones actividades; y el 2019 no parece ser mejor.
Entidades que reúnes a los productores como la Federación Agraria Argentina, la Asociación de Productores Porcinos de la Provincia de Buenos Aires; e incluso, la Cámara de Productores de Bioetanol coinciden en las causas principales del problema: la devaluación, la falta de financiación orientada a la producción, el incremento general de insumos y tarifas, y la masividad de las importaciones de productos que compiten directamente con las regiones.

Algunos números para comprender

Según los productores porcinos, durante 2018 dejaron la actividad cuatro mil productores. A los costos (con aumentos generales del 100 al 120%), se suman la “invasión” de carne porcina del exterior; fundamentalmente de Brasil, Dinamarca y Estados Unidos. El precio en el mercado interno, aumentó algo más del 32%. La devaluación de prácticamente el 50% colaboró con el hundimiento del sector.
Para el caso del bioetanol, los costos aumentaron un 368% -dado el precio de la tonelada de maíz-; al tiempo que se necesita estar atento a Brasil: las ventajas comparativas gracias a los términos de intercambio son significativas y a favor del vecino país. Según Patricio Adán, representante de la Cámara empresaria, el precio de una tonelada de maíz, equivale a 370 litros de bioetanol, lo que implica un costo promedio de $ 7.750.
¿Qué se reclama desde las economías regionales al gobierno? Nada fuera de lo tradicional: estabilizar el tipo de cambio hacia una ecuación más ventajo para los productores; acceso al financiamiento a tasas adecuadas; y intervención directa del Estado en las cadenas de valor, de cara a lograr equidad en la renta.
Lo que no se plantean los productores, es que para que la situación del sector se modifique de raíz, el Estado deberá cambiar los roles: no ser ya un mero administrador de transacciones de aduanas; y pasar a ser planificador de la industria y trabajo agrario.
Garantizar los precios sostén al productor de antemano, establecer seguros por pérdidas y quebrantos, desarrollar la cadena logística para el mercado interno y la interconectividad entre regiones; sumados a la industrialización del trabajo agrario, agregando valor al producto final y elaborado, son resortes que son deseados pero no discutidos adecuadamente.
No es difícil establecer una conclusión preliminar: la puesta en práctica de estas propuestas, pondría en jaque la tasa de rentabilidad anual que poseen los capitales agrarios concentrados.

Fuente: FAA/ El Enfiteuta

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