Hacia dónde vamos (Arturo Jauretche)

Se reproduce a continuación, un artículo escrito por Arturo Jauretche, poco después de que asumiera como ministro de economía Raúl Prebisch, en 1955, después del golpe de Estado de la denominada “Revolución Libertadora” contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Se leen atentamente, verán que luego de sesenta y dos años, poco ha cambiado; y los problemas de la nación, continúan transcurriendo por los mismos carriles.
Redacción
El plan Prebisch significará la transferencia de una parte substancial de nuestra riqueza y de nuestra renta hacia las tierras de ultramar.
Los argentinos reduciremos el consumo, en virtud de la elevación del costo de vida y del auge de la desocupación. De esta manera, no solamente aumentarán nuestros saldos exportables, sino que serán más baratos, lo que será aprovechado por el consumidor inglés que ensanchará su cinturón a medida que nosotros lo vayamos achicando.
La mayor parte de nuestra industria, que se sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardará en entrar en liquidación. Los argentinos apenas si tendremos para pagarnos la comida de todos los días. Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada.
Los productores agrarios, que en un momento verán mejorar su situación, no tardarán en caer en las ávidas fauces de los intermediarios y de los consorcios de exportación, que muy pronto absorberán el beneficio de los nuevos precios oficiales. Para entonces, ya no existirá el I.A.P.I. (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) ni habrá defensa posible.

jauretche - Ramon Carrillo Santa fe

Arturo Jauretche

Exportaremos más, pero percibiremos menos por esas exportaciones en razón de la caída de nuestros precios como efecto directo de la reforma cambiaria.
Luego, a medida que se destruya el sistema de comercio bilateral y entremos en la zona de la libra esterlina , tendremos que comenzar a ceder a la presión del “único comprador”. Llegado ese momento, no habrá más remedio que aceptar sus imposiciones porque estará cerrada toda otra posibilidad. Se cumplirá así una clara sentencia de Prebisch: “las economías débiles no colaboran, se subordinan fatalmente”. (“El patrón oro y la vulnerabilidad económica de nuestros países”). Mientras tanto nos iremos hipotecando con el fin de permitir que falsos inversores de capital puedan remitir sus beneficios al exterior. Y como nuestra balanza de pagos será deficitaria, en razón de la caída de nuestros precios y de la carga de las remesas al exterior, no habrá más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente nuestro porvenir. Llegará entonces el momento de afrontar las dificultades mediante la enajenación de nuestros propios bienes, como los ferrocarriles, la flota (mercante) o las usinas.
Poco a poco se irá reconstruyendo el estatuto del coloniaje, reduciendo a nuestro pueblo a la miseria, frustrando los grandes ideales nacionales y humillándonos en las condiciones de país satélite.
Esa es la verdad documentada, que no quiere ser sino un humilde aporte al conocimiento de hechos que interesan al porvenir de nuestra Patria y de nuestros ciudadanos. Solo aspiro a que el lector, superando toda bandería y todo sectarismo, se aboque a la verificación de las cifras y de los hechos consignados. Que no se deje encandilar por los fuegos artificiales de los hombres “magos”, de esas creaciones míticas con que los imperialismos pretenden explotar la ingenuidad de los pueblos jóvenes.
Bajo el falso pretexto de una crisis económica sin precedentes, está por consumarse la gran estafa a los intereses y a las aspiraciones de la nacionalidad. Ha llegado la hora en que, por encima de los transitorios rencores internos, cada argentino asuma la responsabilidad que le compete. La historia es despiadada y no excusa a los hombres por la buena fe y la ignorancia que les hizo pasibles del engaño. La historia solo sabe de los que contribuyeron a empequeñecerla, esclavizarla y expoliarla. No le interesan las intenciones, sino los hechos positivos.
Quienes en este momento ejercen el poder y tienen fuerza para convertir en ley sus decisiones, deben asumir la tremenda responsabilidad de la política económica. Todo lo demás es pura bambolla, hecha de ex profeso para distraer la atención y disimular la estafa. En la reforma económica está el secreto de nuestro porvenir libre o esclavo, del bienestar o de las penurias de los argentinos y del juicio definitivo que la historia formulará sobre los hombres y las instituciones que asumieron la responsabilidad de mandar en esta tierra.

Escrito por Arturo Jauretche en el año 1955

Publicado hoy (21/08/2017) por La Señal Medios

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