Nadie es Haití

Luego de un prolongado proceso, Haití logró su ansiada “normalización institucional” al asumir su nuevo presidente Jovenel Moïse. El mandatario electo por un proceso de más de un año y medio de intervenciones, es un hijo dilecto de la oligarquía agroexportadora haitiana.
Redacción
Las cosas seguirán siendo malas para Haití. Jovenel Moïse acaba de asumir como presidente luego de un proceso viciado de irregularidades y una transición no menos escandalosa.
Moïse llegó al poder como candidato del Pati Hayisyen Tèt Kale (Partido Haitiano de las Cabezas Rapadas), un partido de derecha que estuvo en el poder desde 2010 hasta principios de 2016 con el ex presidente Michael Martelly, donde militaban buena parte de figuras y funcionarios que trabajaron y apoyaron la dictadura de los Duvalier.
Jovenel pertenece a la oligarquía industrial haitiana, y es conocido en el hermano país por su protagonismo en la exportación de bananas hacia la Unión Europea. Siguiendo el camino lógico de las derechas latinoamericanas, la principal línea de acción para su gobierno que propone el nuevo mandatario es la apertura de Haití al capital trasnacional, fundamentalmente canadienses y estadounidenses. Tanto en la campaña como en su discurso inaugural, Moïse dejo en claro que la creación de zonas industriales de libre comercio, la minería, la agroindustria y el turismo de lujo serían sus prioridades.
Respecto de la minería, se continuará con los incentivos de inversión hacia los capitales internacionales. Actualmente, de las 15 multinacionales que explotan el sector minero en el país, 12 de ellas son canadienses. No es extraño entonces que el gobierno de Canadá done 91 millones de dólares para asistir al presupuesto haitiano.
Sobre el turismo, seguirá otorgando concesiones hoteleras a las grandes cadenas, anunciando que abrirá seis nuevas áreas turísticas tanto al norte como al sur de la isla.
El otro puntal de su gestión será el fortalecimiento, modernización e industrialización de la agricultura. Haití posee algo más de 10 millones de habitantes y el 55 por ciento vive en zonas rurales. Para el éxito de su política, Moïse necesita resolver tres grandes problemas:
El primero, legalizar la tenencia de la tierra a los campesinos. Se calcula que exite casi un millón de tenedores de tierra que ocupan de media a tres hectáreas cada uno; y de los cuales sólo el 1% posee documentación de propiedad. Si bien la carencia de títulos hace más frágil la tenencia y una vez vulnerada no hay posibilidad de recuperarla; el proceso que impulsa Jovenel hace sospechar que está apuntado a que una vez legalizadas las tenencias, otorgará a los capitales externos la “seguridad jurídica” para que inviertan en tierras productivas haitianas.
Aquí aparece el segundo problema: Jovenel intentará resolver la modificación de la Constitución en la parte que restringe las ventas a extranjeros. Según las fuentes consultadas, sería uno de los compromisos de campaña hacia capitales estadounidenses a cambio de donaciones.
La tercera sería la creación de Zonas Francas Agroindustriales con la financiación del gobierno de Haití, BID, Banco Mundial y la Unión Europea. El guiño recibido desde la Unión Europea, fue la donación de 31 millones de euros al presupuesto haitiano; mientras llama al compromiso del presidente del Congreso de Haití de ratificar el Acuerdo de Asociación Económica (EPA) que está parado desde 2007 y permite el comercio sin tasas aduaneras entre Haití y la Unión Europea.
Jovenel Moïse podrá hacer prácticamente lo que desee al frente del gobierno. Su partido detenta 24 bancas de 30 en el Senado; y 84 de 119 miembros en Diputados.
Haití es un país devastado por la pobreza, la militarización por parte de Naciones Unidas los desastres naturales y el enfoque económico de su dirigencia. Moïse desconoce la convulsión social en las calles. Sin embargo sabe también que carece de legitimidad institucional de cara a su pueblo.
En las elecciones de noviembre pasado, sobre un total de 1.300.000 votos, Moïse obtuvo 590 mil. El dato importante es que el padrón total de votantes superaba los 6.200.000. Eso significa que el 80 por ciento de los haitianos habilitados a votar, no acudieron a las urnas.

Fuentes: Resumen Latinoamericano – Agencia Nodal – Agencia ALAI

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