Tierra de nylon

Cambiemos continúa atendiendo a sus socios de las patronales agropecuarias. Recientemente se conocieron informes del INTA que alertan sobre la marcha del modelo agroexportador argentino. La importancia de valorar la tierra como recurso estratégico de la nación.
Redacción
Las consecuencias de las inundaciones y de los incendios en zonas agropecuarias de las últimas semanas, vuelve a abrir la posibilidad del debate sobre el modelo agroexportador en curso. Ya trasciende la mera cuestión ideológica, la interpretación de que la política nacional aplicada al sector beneficia solamente a la porción exportadora.
Recientes informes de organismos y medios especializados avalan con datos técnicos, que la postura del gobierno de la Alianza PRO-UCR, sólo incrementa los bolsillos de sus socios estratégicos como la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas. Ambas instituciones se erigen como las mayores concentradoras de tierras en producción y volumen de contratos de exportación.
La postura del gobierno nacional, por si quedaban dudas, fue explicitada por el Ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, a propósito del “festejo” gubernamental por la publicación del Decreto 1343/2016 en el Boletín Oficial del 2 de enero pasado: “como resultado de esta política se aumentó la producción y el fortalecimiento de la actividad agropecuaria, gracias a la previsibilidad y certidumbre que desde nuestra gestión queremos brindarle al mercado”.
La norma habilita la rebaja de las retenciones a la soja en un 0,5% mensual a partir de enero de 2018. De esta forma, al aplicarse de manera gradual cada inicio de mes a lo largo de dos años, los derechos de exportación para la soja serán del 18% en diciembre del 2019 y para los subproductos del 15%. Asimismo, se estableció un reembolso del 5 por ciento de las retenciones a las exportaciones de soja para las provincias incluidas en el denominado Plan Belgrano (Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa y Santiago del Estero) durante la campaña 2016-2017.
Medida que se empalma con el reintegro del 0,5 al 4% a las exportaciones, con el objetivo “de bajar la presión impositiva al sector agroexportador”. Lo que no expresó Néstor Roulet, secretario de Agregado de Valor del Ministerio de Agroindustria de la Nación, en la misma entrevista, fue que eso le costará al fisco la friolera de 2600 millones de pesos; y que serán destinados al sector de la producción que obtiene año a año, nuevos records de ganancias extraordinarias.
La Federación Agraria Argentina también levantó su voz en alerta. En un comunicado difundido la semana pasada, advertían que el 2017 “podría ser un año con inversiones a gran escala, pero con más pequeños productores en crisis”. Asimismo, llamaron a que Cambiemos entienda “que debe ser prioridad para el Estado fortalecer el mercado interno, que este año se vio muy debilitado por la caída del poder adquisitivo para la mayoría de la población y el ingreso de alimentos importados”. Uno de los ejes fundamentales de sus propuestas es la sanción de la Ley de Semillas, que permitiría a los productores volver a ejercer el derecho histórico de usar su propia semilla y no las que impone e inyectan las multinacionales como Monsanto.
Como dato ilustrativo destacamos que durante el último año se importaron huevos, zanahoria, calabaza, aceituna, manzanas y peras. Los montos pagados que rompieron los mercados y pisaron los precios percibidos por los productores primarios en la producción de los mismos alimentos. Este fenómeno técnicamente se denomina “dumping”. En términos concretos, se entiende como medidas para disciplinar y condicionar hasta su desaparición a sectores de la producción que pujan por una mayor distribución y diversificación de las políticas de abastecimiento respecto del mercado interno, en detrimento de las ganancias que podrían obtener las empresas que importan zanahorias.
Pero eso no es todo; lo peor está por venir
El presupuesto para el año 2017, preveé recortes del 22 al 25% para INTA y SENASA. Además de sueldos y trabajadores que seguramente caerán en el desempleo; la quita de recursos afectará directamente a los estudios, seguimientos y asesoramientos que el personal de esas instituciones realizan sobre los pequeños productores.
Por otra parte, no dejan de ser un bastión para el desarrollo técnico y tecnológico que se aplican directamente en las economías regionales. Los pequeños productores agropecuarios dependen del mercado interno y del apoyo técnico estatal. El sector privado, abarca intereses ligados a la exportación y al mundo de la denominada siembra directa [Ver No es negocio].
La incapacidad estatal para fomentar, empujar y encabezar la diversificación de la industria agropecuaria, y priorizar el desarrollo industrial que ella necesita.
El modelo de monocultivo de soja, deja una consecuencia que se hizo visible en estas semanas: para utilizar un lenguaje llano, la soja necesita menos agua. Si en una región de nuestro país, se registra un nivel de lluvias de 2 mil milímetros anuales, y no hay diversificación de cultivos, la tierra se impermeabiliza.
Una hectárea de soja necesita se desarrolla con un régimen de lluvias anuales de 400 milímetros cúbicos. Una hectárea de alfalfa necesita 1800; y una hectárea de pasturas mayores cantidades aún. Cuando en la tierra se siembra soja sobre soja reiteradamente, sobre dos mil milímetros anuales, el cultivo utiliza la quinta parte. El resto corre, no se infiltra en la tierra porque esta no lo absorbe. La tierra se convierte en un nylon.
Una política para revertir el proceso de plastificación
El informe del INTA sugiere una alternativa de reversión del proceso, con resultados concretos a mediano plazo si la política de recuperación la encabeza el Estado.
La propuesta consiste en cuatro ejes que recuperarían la sustentabilidad del sistema productivo y relanzarían la agroindustria: recuperación de pasturas, forestación, rotación de cultivos, y diversificación ganadera.
Una pastura lleva nueve meses para sus primeros frutos. La forestación y la cría de animales necesitan plazos más extensos, y planificación para garantizar sustentabilidad.
La soja se “levanta” en cuatro meses, deja mucha guita y la tierra hecha bolsa.

Informe INTA

Fuentes: FAA – INTA – Infocampo

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