Acompañando al Capital

Asumió Duvojne y cumplió con las expectativas: la cosa irá de mal en peor.
Redacción
El debut de la gestión de Nicolás Dujovne al frente del Ministerio de Hacienda será históricamente recordado como el retroceso de doce años en materia de política financiera del gobierno nacional.
En su primer decreto, eliminó todo tipo de restricción para los capitales que ingresen al país. Específicamente, modificó el Decreto 616/2005 postulado por la gestión Lavagna, donde se obligaba a los capitales a permanecer en el país durante 365 días.
En aquel momento, la iniciativa estaba dirigida a interferir en el poder de maniobra de los fondos “golondrinas”. Aquel decreto del hoy referente en materia económica del Frente Renovador, ya había sido modificado por Alfonso Prat-Gay en diciembre de 2015, cuando redujo dicho plazo a 120 días.
Dujovne justificó su decisión, afirmando que el país continuará así “su camino de integración al mundo y de normalización de su esquema macroeconómico, que permitirá avanzar en el proceso de mayor creación de empleo y de crecimiento”.
Las distintas posturas no tardaron en hacerse escuchar, según el ex Secretario de Financiamiento y Directopr de la consultora Econviews, Miguel Kiguel, la medida es positiva “para que Argentina pueda tener mejor acceso al mercado financiero internacional”. El ex funcionario minimizó la entrada y salida de los capitales especulativos, dado que el mercado internacional se encuentra muy desregulado y el poder de influencia de los fondos golondrina sería muy pequeño.
Todo lo contrario opina el economista de la UNM, Alejandro Robba. Caracterizó la medida como “sumar más incertidumbre a la política económica”, dado que los capitales, así como llegan podrán irse con rapidez. Además de los riesgos de maniobras de dumping, la entrega de la decisión en materia macroeconómica al capital internacional, implica el rápido vaciamiento de las inversiones en materia de desarrollo.
Aquí se plantea un escenario conocido para el país. Los capitales golondrina históricamente han servido para desestabilizar mercados de por sí poco estables. Ninguna de sus intervenciones se materializan en inversiones directas sobre la producción o desarrollo de infraestructura, sino que se apoyan en la mecánica de financiar por corto plazo a bajo costo, distintas burbujas de especulación (operaciones inmobiliarias, créditos al consumo de bienes importados, etc).
La apuesta que nos queda, será acertar qué ocurrirá primero: si la fuga masiva de capitales con la excusa de remisión de utilidades a las casas matrices en el exterior; o la del pago de vencimientos de deuda externa irrisoria e improductiva.
Cualquiera sea el resultado, sabemos por experiencia que perjudica directamente la mesa de los argentinos; y engorda los bolsillos del establishment vernáculo.

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