Las elecciones en Estados Unidos y el reality político

Acerca de una conjetura: si gana mejor para él, pero a Trump lo que le interesó fue la farsa, o la política como burla. En el último debate por TV de los candidatos – una modalidad a la que la imbecilidad argentina pretende darle rango constitucional -, el triunfador no fue ni el cara de peluquín republicano, ni la cascarrabias fascistoide demócrata, sino el moderador, un tal Chris Wallace, de Fox News, otro de los dizque periodistas que se dedican a esos menesteres.
Por Víctor Ego Ducrot (*)

Las fichas del aparato mediático mundial, el llamado establishment , la derecha y los progrebobos de todo el mundo están con la bombardera de Obama, aunque pareciera que el correo electrónico podría provocarle un dolor de cabeza. A nosotros, los sudacas a toda honra, debería darnos lo mismo; gane quien gane, el pato de la boda lo pagarán los de siempre, a quienes ahora para ser hipócritamente correctos nos llaman los del Sur, los emergentes o los en desarrollo; total dale que va, allá en el horno se vamo a encontrar.
El próximo martes, los estadounidenses irán a las urnas para celebrar la edición 58 del reality político de mayor audiencia en el planeta todo, aunque con los convidados de piedra, ellos, los votantes, cada año más decepcionados, ausentes, y hasta hastiados podría decirse. Pero para que el sistema corporativo privado, la trama del complejo bélico, industrial, financiero y mediático, siga ejerciendo el poder y la casa de la moneda del mundo al mando del mango nuestro de cada día, en todas partes, claro, conserve su exclusividad, el espectáculo debe continuar.

Si tuvieron a Reagan, a Bush hijo, al maníaco sexual Billy, esposo de la fascistoide con aspiraciones ahora, y a tantos otros, entre ellos al primer negro blanco de la Casa Blanca, porque no irían a tener como presidente a Donald Trump o como presidenta a Hillary Clinton; si el casting de impresentables no tendrá fin mientras Estados Unidos siga siendo lo que es, el Imperio más poderoso de la historia, que surgió como vocación tras la Guerra de la Secesión, a fines del XIX, y se consagró en acto una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, con bombazos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki mediantes.

En ocasión de la disputa entre J.F. Kennedy y Richard Nixon tuvo lugar el primer debate televisado y así comenzó el proceso de apropiación mediática de la política – proceso que tuvo otros componentes, por supuesto – convirtiéndola a ella, a la política, un poco más cada día en objeto-sujeto de vodevil berreta, de esos que me recuerdan los viejos burlescos pornográficos que habitaban hace algunos años en derredor de la vieja Plaza Garibaldi, en el México chilango, y a los actos electorales, salvo las excepciones que suelen surgir entre nosotros y desde abajo, aunque no en Estados Unidos, en fumatas entre poderosos que se turnan para las letras grandes de las marquesinas que ofrecen las distintas facciones del bloque hegemónico.

La imbecilidad criolla, en casi todos sus casos muy amiga de la Embajada estadounidense en Buenos Aires, pretende incluso que ese espectáculo dentro del espectáculo, casi unas mamushkas rusas pero fabricadas en y para La Salada, que es el debate televisado adquiera rango constitucional, dándole así a los canales de la TV privada y comercial un cierto estatus de institución de la República.

Es esa misma lógica de vodevil berreta, casi de cabaret de mala muerte, la que explica que hasta hace meses un influyente dirigente del FpV y aun diputado bonaerense por ese espacio, un tal José Ottavis, aparezca disfrazado en forma obscena entre las glándulas mamarias de una vedete en decadencia que supo saber a mieles para los prostibularios comandantes de la dictadura cívico militar, una tal Moria Casan; la misma que para sorpresa y dolor de muchos subió con su hija a bailotear una noche no lejana sobre al escenario presidencial, nada menos que un 10 de diciembre.

Pero volvamos a las elecciones de Estados Unidos.

Acerca de una conjetura: si gana mejor para él, pero a Trump lo que le interesó fue la farsa, o la política como burla. En el último debate por TV de los candidatos, el triunfador no fue ni el cara de peluquín republicano, ni la cascarrabias fascistoide demócrata, sino el moderador, un tal Chris Wallace, de Fox News, otro de los dizque periodistas que se dedican a esos menesteres. Las fichas del aparato mediático mundial, el llamado establishment , la derecha y los progrebobos de todo el mundo están con la bombardera de Obama, aunque pareciera que el correo electrónico podría provocarle un dolor de cabeza. A nosotros, los sudacas a toda honra, debería darnos lo mismo; gane quien gane, el pato de la boda lo pagarán los de siempre, a quienes ahora para ser hipócritamente correctos nos llaman los del Sur, los emergentes o los en desarrollo; total dale que va, allá en el horno se vamo a encontrar.

En mi rostro está escrita la aceptada renuncia / tanto vil ostracismo después supe / el trabajo es salud, es factor / dignifica / y lo otro es el crimen / la poesía maldita / Yo era el brazo derecho ahora no soy nada / Esta guitarra cae ya / volcada de mi alma / su última nota / espera. Así enseñó con su poesía un maestro, Leónidas Lamborghini.

Ni soñemos con que Hillary o Trump sepan de la vida y obra de ese gran poeta argentino, peronista para más datos; aunque qué tanto bien nos hace su obra para entender los rasgos farsescos que los pliegues de toda práctica política esconde tras los velos y desvelos de sus prosapias retóricas. Y como el caso de las elecciones en Estados Unidos viene a ser como una súper vuelta de tuerca a esa exploración de la mueca vacía, por qué no conjeturar que el millonario Trump puede estar dándose el gusto de montar un espectáculo dentro del espectáculo, mofándose de la propia práctica, del propio Estados Unidos, tal cual un ricachón excéntrico desde su especie de Xanadu paranoide. Por qué no.

Y ya que estamos, qué bien le haría a la humanidad que la burla supure y que el próximo martes el tal Trump, el hombre rubio con jeta de peluquín sea, tal cual un Guasón sin Batman, el nuevo presidente de Estados Unidos.

(*) El autor es doctor en Comunicación por la UNLP. Profesor titular de Historia del Siglo XX Cátedra II, en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la misma UNLP. Periodista y escritor. Director de AgePeBA.

Fuente: AgePeBA

Fuente Imagen: AFP

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